Consorcio de Propietarios del Paraná Country Club

Editorial Enero 2017

La vida en comunidad, fue y es una necesidad para el hombre. No nacimos para vivir aislados y solos, de una o de otra forma necesitamos de los demás. Desde sus origenes el hombre ha buscado siempre formar agrupaciones humanas, para con el tiempo dar lugar a las colectividades y a las grandes ciudades.

El hombre desde las civilizaciones màs antiguas ha intentado organizar la convivencia entre los seres humanos de una comunidad principalmente en busca de armonía, de la equidad y así han ido quedando establecidas normas de caracteres generales y aceptadas por todos, y sanciones aplicables a aquellos que no se adecuan a las normas de sana convivencia.

El problema surge justamente cuando desaparece el principio de igualdad, cuando algún miembro de la sociedad desconoce o incumple obligaciones que son cumplidas por otros o cuando el mismo se extralimita en el ejercicio de sus derechos, afectando el de otros, es aquí donde se rompe la armonía y se hace lugar al caos.

Errado es pensar que solo los administradores de turno tienen la obligación de cumplir y hacer cumplir las normas, ya que cada miembro de la comunidad es responsable de hacer su parte, cada miembro debe cumplir con sus obligaciones en forma oportuna y ejercer los derechos inherentes a su condición, respetando sus propios límites y en armonía con los demás.

La condición de condóminos, habitantes de la Urbanización Privada Paraná Country Club nos relaciona jurídicamente, nos agrupa, y nos somete a reglas de convivencia de respeto obligatorio al que nos hemos sometido por libre y espontánea voluntad al firmar la transferencia.

No se trata de limitar el legítimo derecho que cada condómino ejerce sobre su propiedad privada, se trata de adecuar el ejercicio de los derechos que surgen del carácter de copropietarios, con sujeción a normas especiales que cada uno aceptó a la hora de adquirir el inmueble por constar en cada uno de los títulos de propiedad. No somos simples vecinos del lugar, somos condóminos forzosos de la cosa común, obligados a respetarla, a cuidarla y mantenerla.

Porque son especiales estas reglas que rigen para el condominio, justamente porque la naturaleza de la urbanización es distinta a la de otras comunidades en las que los vecinos son vecinos, pero no condóminos. Podemos llamarle barrio, comunidad, condominio o como fuere, lo que caracteriza a este lugar es que vivimos muy cerca, ya que ni siquiera existen muros rígidos, pero a la vez es notorio que estamos muy lejos unos de otros y olvidamos muchas veces, que aunque tengamos discrepancias entre mayores, pueden nuestros hijos estar conviviendo y creciendo en sana armonía, observando nuestro desatino, quienes serán los herederos de este lugar.

Será que tan distraídos estamos, que no nos estamos dando cuenta de lo bendecidos que somos al poder vivir en un lugar como este?, y que dar por perdido los valores de la amistad, de amabilidad y sobre todo el respeto a los demás que nos inculcarán nuestros padres?.

Se viven momentos de decadencia general de valores, pero debemos considerar la posibilidad de intentar algo diferente, una comunidad mejor, más amistosa y cordial.

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